corrupción

En la actualidad la palabra corrupción no tiene un gran impacto en las personas, es como algo cotidiano, algo normal; claro, hasta que se sufre de un acto de corrupción.

Poniendo un ejemplo drástico: Sólo hace falta imaginar que metes una demanda contra una persona muy peligrosa, las pruebas están a nuestro favor y se tiene la convicción de ganar y obtener justicia; sin embargo, han comprado al juez. Ahora tu vida corre peligro, porque el hombre que denunciaste puede atentar en contra tuya. Desde esta perspectiva no es nada buena la corrupción.   

Ya no es un acto de “No pasa nada”, “Sólo esta vez”, “Todos lo hacen”; el cambio, por más desgastado que suene el mensaje, está en nosotros. Nosotros afectamos a más personas, nuestros actos son vistos por personas que confían en nosotros y nos toman como ejemplo; de esta forma la corrupción a crecido. Y de esta forma se puede acabar con ella, demostrando a los demás que no somos corruptos.

Lo malo de la corrupción es que entorpece el buen funcionamiento de nuestro país, es como el problema del narcotráfico mientras haya personas que paguen para agilizar un trámite, por no ser multados, por tener un mejor puesto, habrá un mal funcionamiento; si nosotros decimos: no voy a pagar habrá un servicio más ágil, no habrá policías que te paren para ver qué te encuentran, obtendrá el puesto el mejor capacitado y así con todas las muestras de corrupción.

No es un mal necesario, es un mal innecesario y un mal que no debería de existir.

Como dato, según el Índice de Percepción de Corrupción 2018, este año se evaluaron 180 países, de los cuales México se encuentra en el lugar 138. México está en la última posición, como el país más corrupto de los países que pertenecen a la OCDE.

Leonardo Solis

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