corrupción

Sin importar los cambios sistemáticos, administrativos y de temporalidad, constantemente escuchamos que el mayor problema de nuestro país es la corrupción.
México se encuentra en un lugar privilegiado del mundo, su posición geográfica hace que aquí podamos tener recursos naturales a manos llenas, un clima óptimo y casi todos los ecosistemas existentes dentro de un mismo territorio.

Pero nada de esto parece impactar en la vida diaria de los millones de mexicanos que padecemos pobreza, inseguridad, falta de educación y una violencia desbordante. Tenemos todo pero somos un país en el estancado, que no avanza ni se desarrolla como se supone deberíamos hacerlo.
Lo que se escucha cotidianamente, apunta a la culpabilidad de las autoridades, de las elites, de las cúpulas del poder, todos estos sectores “tan corruptos” “tan culpables de nuestra condición de subdesarrollo”, la verdad, es que la corrupción se ha vuelto crónica, hereditaria y prácticamente un aspecto de identidad.

La corrupción ha sido para nuestra sociedad, la humedad que reblandece los cimientos desde el fondo y hace que los muros se colapsen.

El trabajo está en nosotros mismos, en ser ejemplo de hacer lo correcto, sin importar que tan fuertes sean las consecuencias a enfrentar por nuestros actos. Solo así reconstruiremos una sociedad con el valor que se requiere, para regularse desde el peldaño más bajo al más alto.

Todos le hemos entrado a la corrupción y ese es el verdadero problema. Un policía no extorsionaría si no encontrara un ciudadano que pagara una mordida por evitarse una “problema” mayor, es una cadena simple, para que exista la corrupción, debe de haber alguien pagándola. Ese alguien seguramente has sido tú en algún momento.

Basta de corrupción, pues es la causa clara de que las leyes y las oportunidades en este país no seas iguales para todos, por eso deja de pagar para evitar una multa, deja de pagar para que tus trámites sean más rápidos, no te metas en la fila, deja ya de creer que en México, que en este México, es posible que cada uno imponga sus propias condiciones, siempre y cuando se traiga una lana, se tenga un conocido o todos hagamos como que no vimos ni oímos nada.

Daniela Álvarez

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